El Convento de San Pablo fue un beaterío cuya fundación data del siglo XV y que en su momento fungió como convento de clausura de las monjas de la orden franciscana, por lo que está considerado uno de los templos más antiguos de Cáceres.
De un estilo arquitectónico tardogótico, el convento se construyó sobre las fundaciones de una antigua ermita en una de las cotas más elevadas de Cáceres, muy cerca de la Iglesia de San Mateo.
Su portada abocinada con un arco ligeramente apuntado es muy sencilla, pero lo más destacable es el conjunto arquitectónico que sigue un modelo claramente gótico.
El interior del convento es muy austero y sencillo, pero destaca enseguida su hermoso retablo de inconfundible influencia churrigueresca, con un espléndido conjunto escultural que representa la conversión de San Pablo y por el que da el nombre del templo y que está hecho con una rica orfebrería de acabado fino y espléndido.
Si bien durante varios siglos el convento estaba bajo la conducción de la Orden Terciaria de San Francisco, a mediados del siglo XX pasó bajo el cuidado de las monjas clarisas como convento de clausura de esa orden.
Si bien se trata de un templo muy sencillo, el principal atractivo turístico que ofrece este convento es que las monjas clarisas producen y venden unos exquisitos dulces y postres artesanales, que se han popularizado a lo largo de los años debido a la alta calidad de su repostería, razón por la que se ha convertido en parada obligada en el turismo local.
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