Sevilla (España)

Historia de Sevilla


Durante la Edad Antigua surge el primer conglomerado humano en el área de la actual Sevilla formado por comerciantes y mercaderes fenicios cuyo poblado fue bautizado como Spal, este territorio luego fue gobernado por cartagineses hasta que en 206 a. C. las tropas romanas conquistaron el territorio bajo el mando de Escipión el Africano rebautizándola como Itálica.

Durante el gobierno romano Itálica acumuló suficiente poder e influencia como para ser declarada colonia romana gracias a su vibrante empuje comercial, creciendo a su alrededor otra ciudad residencial llamada Híspalis hasta que en 426 los vándalos conquistaron Híspalis e Itálica extendiendo su dominio hasta el siglo VIII.

La Sevilla Musulmana y la Reconquista

En el año 712 Musa Ibn Nusair invade la península ibérica bajo el mando de 25 mil tropas apoderándose del reino visigodo hasta que finalmente se apoderaron de Sevilla en el año 713, rebautizándola como Hims, mientras que los cristianos mozárabes la denominaron Ixbilia o Sbilia, que con el paso del tiempo se transformó en Sevilla.

Bajo el dominio árabe la ciudad se convirtió en un poderoso enclave del emirato de Al Ándalus a lo largo de los siguientes 500 años, creando cierta estabilidad entre musulmanes y cristianos, pero después estalló un período de inestabilidad por la sucesión que fue aprovechado por las tropas cristianas. Fue así que Fernando III inició la Reconquista capturando Córdoba y Jaén, hasta capturar Sevilla en 1248.
 
Sevilla (España)
A partir de ese momento la Andalucía cristiana se transformaría en un epicentro geoestratégico de vital importancia y con una enorme influencia política y económica gracias a los sucesivos reinados que tendrían su corte en Sevilla.

A pesar del convulsionado siglo XIV, donde la ciudad sufrió los embates de la terrible epidemia de peste negra de 1348, el posterior terremoto de 1355 y después la traumática revuelta anti judía de 1391 que generaron una crisis económica de enorme magnitud, la ciudad logró estabilizarse y aumentar su población.

La gloria del siglo XVI

A finales del siglo XV Sevilla disfrutaba de una pujante industria naviera y jabonera que generaba grandes ingresos gracias a su puerto, esta situación mejoró de una manera insospechada a partir de 1492 cuando el descubrimiento de América convirtió al puerto de Sevilla en una vía natural del comercio entre el Nuevo Mundo y la Metrópoli.

Este importante incremento mercantil y comercial transformó a Sevilla en una ciudad cosmopolita gracias a la presencia de alemanes, genoveses y florentinos que hacía vida en la pujante ciudad como agentes comerciales, esto a pesar de la traumática conversión forzada de la minoría islámica que aún vivía en Sevilla, pasando a llamarse moriscos, en 1502.
 
Sevilla (España)
Esta prosperidad llegó a su cenit cuando en 1614 arribó a la ciudad la llamada Expedición Keisho al mando de Hasekura Tsunenaga procedente del Japón con la intención de establecer relaciones comerciales y diplomáticas con Occidente, lo que incrementó la influencia política de Sevilla.

Sin embargo, una nueva y devastadora epidemia a mediados del siglo XVII afectó severamente a la ciudad, tanto demográfica como económicamente, además que el ascenso de Madrid como nueva capital del Imperio Español restó importancia a Sevilla que aún se sostenía gracias al comercio con las colonias americanas.

La invasión napoleónica y la modernidad

A comienzos del siglo XIX Sevilla es diezmada por una virulenta epidemia de fiebre amarilla que afectó a toda Andalucía, cosa que empeoró después de la invasión napoleónica de 1808, en el que la ciudad fue sitiada y tomada sin disparar un solo tiro a pesar del profundo sentimiento anti napoleónico y anti francés en la población.

Después de la retirada de las tropas del mariscal Claude-Victor Perrin, a causa de la derrota de la Batalla del Puente de Triana en 1812, la ciudad había quedado saqueada, y la posterior Guerra Carlista en la década de los años 30s profundizó la crisis.
 
Sevilla (España)
No fue sino hasta la llegada del ferrocarril en 1859 y la posterior modernización de la ciudad cuando Sevilla recobraría parte de su empuje socioeconómico caracterizado por un vibrante comercio ferroviario que vendría a sustituir al comercio que antes efectuaba por vía marítima.

La llegada de la electricidad a la ciudad potenciaría, aún más, la prosperidad de la ciudad con la construcción de muchas edificaciones, teatros y palacios, así como el llamado Ensanche urbanístico, que amplió los límites originales de la ciudad aumentando su población.
 
A pesar de este crecimiento aparentemente próspero, la clase trabajadora de la ciudad, en especial los campesinos y obreros, se encontraban en pésimas condiciones, lo que originó un movimiento social de gran envergadura contra la aristocracia y el clero.

Los siglos XX y XXI

La situación empeoró después de la depresión económica de 1929 que afectó severamente a Sevilla, capitalizando el malestar social que desembocó en la declaración de la Segunda República en 1931 y la posterior inestabilidad política que finalmente originó la sangrienta Guerra Civil Española en 1936 y que convirtió a la ciudad en campo de batalla.
 
Metropol Parasol (Sevilla - España)
Bajo el mando franquista la crisis se profundizó hasta mediados de los años 60s cuando la reactivación económica generó ciertas mejoras en la ciudad por medio de una serie de obras públicas, pero no sería hasta la llegada de la democracia a principio de los años 80s cuando Sevilla comenzaría a experimentar un nuevo período de prosperidad.

Con la llegada del siglo XXI Sevilla se convertiría en una ciudad con un impulso moderno gracias a una serie de nuevas construcciones eclécticas e interesantes como el Metropol Parasol y la Torre Sevilla.
 
El transporte público también se renovó y transformó con la intención de convertir a la ciudad en un epicentro ecoturístico con una gerencia verde creando una red de carriles ideadas para bicicletas, convirtiéndola en la cuarta ciudad a nivel mundial para los ciclistas.

Todos estos cambios están transformando a Sevilla en una ciudad más humana y atractiva, no solo para el turismo regional, sino para las inversiones foráneas con la intención de aprovechar su puerto para competir con las nuevas economías emergentes.
 
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